sábado, 15 de enero de 2011

Arte y sociedad


Uno de los debates clásicos de la historiografía gira en torno a la relación que existe entre el arte (toda manifestación ideológica, en realidad) y las condiciones materiales; en especial la geografía y la economía. Proudhon decía que "el ideal es una flor cuyas raíces son las condiciones materiales de existencia", pero la expresión es tan ambigua que poco podemos sacar de ella. En gran parte, este debate es un eco de otra controversia, mucho más vieja, en torno al determinismo y el libre albedrío que ha ocupado a generaciones de historiadores marxistas, idealistas, de Annales, etc.

Recientemente he descubierto el libro Religión y modos de producción, de François Houtart, pero todavía no he podido echarle un vistazo por tema exámenes. En cualquier caso, creo que para entender el arte (y como digo, cualquier manifestación ideológica), por qué nace y cómo se desarrolla, deberíamos tomar en cuenta dos factores:

1. Los estímulos procedentes de las condiciones materiales, que en buena parte pueden retrotraerse a las "relaciones de producción" en un sentido marxista, sin olvidar que la reinterpretación de tales condiciones es individual y subjetiva. En este punto, el test de Rorschach y ciertas ramas de la psicología pueden ser de mucha utilidad. Un buen ejemplo de esto sería el vínculo evidente entre la cultura barroca española (juegos de apariencia y realidad, estoicismo, picaresca, etc.) y la llegada intermitente de metales preciosos, los atropeyos de la Corona y la inseguridad institucional.

2. La estructura de costes de dicha "manifestación ideológica", que está determinada por la disposición de los grupos sociales, políticos y económicos a financiar tales manifestaciones (en diferentes formas: consumo de masas, mecenazgo, subvención pública, etc.). Por ejemplo, Asiria entre los siglos IX y VII a. C. se encontraba en un proceso de expansión a costa de las llanuras irrigadas del sur -Mesopotamia-, los núcleos comerciales del oeste -Siria, Palestina- y las montañas del norte -Urartu-; en ese contexto, donde los monarcas asirios recibían constantemente embajadas y tributos de las áreas sometidas, reprimían las revueltas y deportaban cantidades ingentes de población de un área a otra, un arte palatino que plasmara escenas de terror (torturas, guerreros aplastando cadáveres, etc.) implicaba costes relativamente más bajos que sus alternativas. Dotarse de una reputación belicosa e infundir terror en los enemigos y sometidos era una ventaja crucial.

De los dos puntos anteriores se deduce que el "arte dominante" tiende a ser el menos costoso [1] en términos de las condiciones materiales existentes; y que, si esas mismas condiciones materiales cambian, modificando el coste relativo de las distintas opciones artísticas, es probable que el "arte dominante" también varíe. Nótese que esto no implica ninguna clase de determinismo, puesto que la "selección natural artística" supone la existencia previa de individuos creativos que interpretan subjetivamente sus propias "condiciones materiales de existencia". Pero si bien cada uno de estos individuos es soberano de sí mismo, sus acciones están sujetas a costes que incentivan unas vías en detrimento de otras.

Por otro lado, esta perspectiva de costes -se registren en términos cuantitativos o cualitativos-, al ser perfectamente falsable, dota de cierto carácter científico a la historia del arte, mitigando su tendencia a las especulaciones difíciles de comprobar ("qué trata de plasmar el autor", etc.).

(Perdonad el estilo de borrador, estoy en plenos exámenes y casi no tengo tiempo para poner comas).

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[1]: Nótese que cuando hablo de "costos" no lo hago en términos monetarios, o al menos no exclusivamente.

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