jueves, 27 de enero de 2011

El paciente de la Historia


En una conversación reciente yo trataba de convencer a mi interlocutor de que la Historia no consiste -al menos no principalmente- en una serie de acontecimientos sucedidos en el pasado: guerras, matrimonios, conspiraciones, etc., sino principalmente en las estructuras y los procesos que subyacen a esos eventos de "tiempo corto". Como diría Braudel, éstos no son más que la espuma de la ola, inexplicables sin atender a la marea que los eleva a la superficie. Aquí mi interlocutor, con toda razón, restó importancia a "mi" descubrimiento y dijo que sucede lo mismo con las personas, pues para entender sus acciones es necesario conocer sus circunstancias en una perspectiva que va más allá de sus manifestaciones inmediatas.

Esto me hizo reflexionar sobre los vínculos entre la psicología y la Historia: en gran parte, los análisis sobre consciencia, preconsciencia y subconsicencia en psicología equivalen al estudio de los acontecimientos inmediatos -por un lado- y las estructuras y procesos de "tiempo largo" -por el otro-, en Historia. Desgraciadamente, sé muy poco sobre psicología como para escribir mucho más sobre el tema; hace algún tiempo leí Introducción a la psicología, de George A. Miller, pero acabé decepcionado. Quizá sea un buen momento para revisarlo. Sería interesante enfrentar a Freud y a Miller con Braudel, Chaunu y Marx, a ver qué puede extraerse de todo esto. Sin embargo, no conviene llevar la analogía demasiado lejos: el historiador no es un psicólogo del pasado, ni la Historia es un ente con deseos y mentalidad propia. Tampoco se trata de analizar las motivaciones que subyacen a las acciones individuales; no nos importan las patologías que explican la actitud de un Enrique VIII o un Felipe II. El paciente de la Historia son las sociedades, sus estructuras y sus procesos; estos, si bien nacen a partir de acciones individuales, son en gran parte espontáneos (no intencionados), impersonales e inconscientes. Como en otras muchas disciplinas, enfocarse demasiado en los árboles nos puede impedir apreciar el bosque.

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