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viernes, 5 de abril de 2013

La guerra en un contexto de descenso demográfico

Hemos comentado en alguna ocasión que la guerra aparece históricamente asociada al crecimiento demográfico. La expansión de la población da lugar a conflictos entre comunidades por el control de los recursos, lo que sirven tanto para limitar la natalidad dentro de cada comunidad (a través de métodos anticonceptivos, infanticio, etc.) como para mantener a las comunidades lo suficientemente alejadas entre sí, de forma que conserven un área de explotación lo suficientemente grande para su sustento. Esta explicación se ajusta bastante bien al caso de los machiguenga de la selva amazónica y a los casos registrados de diferentes sociedades protohistóricas (egipcios predinásticos, celtas, griegos de la Edad Oscura, etc.).

Sin embargo, bajo determinadas circunstancias sucede lo contrario: la guerra puede recrudecerse a causa de un descenso demográfico. Como comentan Michel Balard y otros, la depresión demográfica de los siglos XIV y XV en Europa, con la consiguiente reducción de las rentas, presionaron a los señores feudales a buscar nuevas fuentes de ingresos a través de la guerra (la negrita es mía):
Las rentas de la aristocracia terrateniente disminuyeron de año en año. Para compensar esta disminución, los nobles y todos los que vivían de las rentas de la tierra buscan otras fuentes de ingresos, como por ejemplo el bandidaje que, en estos tiempos turbulentos, suponía pocos riesgos; hay ejemplos famosos, en Francia e Inglaterra, de nobles bandidos (los Folville, por ejemplo), pero más graves eran las usurpaciones sistemáticas de las propiedades ajenas que solían llevar a cabo muchos señores propietarios de tierras.
De esta fecha datan, por cierto, numerosas guerras civiles entre diferentes sectores de la nobleza y la monarquía.

domingo, 24 de marzo de 2013

Instituciones y subdesarrollo: el caso de Guinea Ecuatorial

Guinea Ecuatorial es un buen ejemplo de cómo las instituciones pueden inhibir el desarrollo económico.

Esta pequeña república situada en el área centro-occidental de África está presidida por Teodoro Obiang, un dictador que utiliza el aparato del Estado para repartir beneficios entre familiares y amigos: su hijo es consejero del ministro de Deportes y presidente del club de fútbol The Panthers; su hija, directora adjunta del Banco Central de África Occidental (BEAC). La estrategia del Estado guineano es similar a la de muchos regímenes preindustriales: el dictador confía en sus familiares los puestos clave de la administración para garantizar su fidelidad, al tiempo que emplea el poder judicial (totalmente subordinado al ejecutivo) para capturar rentas con las que comprar la fidelidad de los caciques locales. Por si fuera poco, las reservas petrolíferas del país proporcionan a la dictadura todos los recursos que necesita, desalentando la introducción de reformas económicas que proporcionarían ingresos fiscales alternativos. Como consecuencia, los derechos de propiedad son completamente inseguros para la mayoría de la población, que no puede aventurarse en formas de contratación complejas sin temer que los beneficios sean capturados por las élites afines al poder.

Como el Imperio español, Guinea está atrapada entre la riqueza de materias primas y la necesidad de comprar con privilegios la estabilidad de la coalición dominante.

El País publica hoy un reportaje que ilustra con casos muy concretos las pinceladas que acabamos de dar. Por ejemplo, la interminable cadena de sobornos sirve para erigir barreras en el mercado y elevar las rentas de los caciques locales que participan en él a título privilegiado. Como narra un empresario español:
En el aeropuerto te das cuenta de que tienes que pagar por todo: al comisario para que te selle el pasaporte, al de seguridad nacional para el visado de salida, al fiscal general, al que tenían en nómina, para los permisos. Una cadena que no termina nunca. ¡Pero si no hemos empezado a trabajar!, les decía yo.
Cuando este mismo empresario se opuso a pagar comisiones ilegales, le amenazaron con usar el poder judicial contra él:
Falló que no quisimos pagar más dinero a la gente de Ruslan. Te estrangulan económicamente y se buscan a otro. Y se quedan con todo, con toda la inversión que has dejado allí. Al final, cuando nos oponíamos a algo te decían: ¿qué quieres, que te denuncie por violación? ¿Quieres ir a la cárcel? Nos lo dijeron muchas veces y tuvimos verdadero pánico. El socio que se estableció en Malabo se tuvo que marchar. Yo pensaba: pero ¿dónde nos hemos metido? ¿A quién reclamo? La corrupción es total, es brutal.
En otros casos, el régimen obliga a los empresarios extranjeros a tomar a caciques locales como socios, que finalmente terminan capturando todas las rentas del proyecto a través de comisiones ilegales, amenazas o expropiaciones abiertas:
Nos obligaron a tener de socio local al ministro de bosques. Teodorín (el hijo y sucesor de Obiang) era entonces su consejero y ya estaba metido en el negocio de la madera. Mi socio trató con él y le dieron todas las facilidades, por supuesto después de pagar comisiones por todos lados. Nos cedieron un terreno de seis hectáreas a cuatro kilómetros de Malabo. Trasladamos la maquinaria: bulldozers, camiones, cortadoras, secadoras. Llevamos a cuatro técnicos para formar allí a los obreros guineanos, más de cuarenta hombres. Casi dos años de trabajo para levantar el aserradero y no pudimos exportar ni la primera remesa. Cuando estuvo el almacén lleno comenzaron los problemas, las pegas, la falta de permisos. No entendíamos nada. Logramos sacar cuatro contenedores sobornando a gente del puerto. A mi socio le dijeron que o se iba o le metían en la cárcel, pero decidió quedarse. 
Para forzarle a abandonar sus instalaciones, fue encerrado en la cárcel de Black Beach, sin comida, pisando sus propias heces y con malaria. Finalmente todo pasaría a manos de socios locales de los inversores extranjeros.
Cuando llevas la maquinaria empiezan los problemas. Te ponen toda clase de pegas para que te vayas y se quedan con todo. Si no aceptas, sabes que acabas en la cárcel de Black Beach. Luego celebran un ajunta y dien que su socio español se ha marchado del país. La gente se va por miedo.
Estos casos ilustran el papel clave que juegan las instituciones en el desarrollo económico. Al elevar la inseguridad jurídica y los costes de transacción, Obiang no sólo captura rentas a costa de los inversores extranjeros sino de la gran mayoría de guineanos, que en otro caso prosperarían desde sus negocios precarios y casi autosuficientes actuales hasta formas de organización y contratación complejas que erosionarían las rentas de la clase dominante (que incluye, por cierto, a algunos empresarios extranjeros que sí se han amoldado al régimen).

Este caso demuestra, por cierto, que el subdesarrollo es principalmente una cuestión endógena, aunque en otros casos el colonialismo encubierto puede jugar un papel importante.

domingo, 10 de marzo de 2013

¿Son las instituciones la clave para el desarrollo económico?

En este blog hemos seguido la perspectiva de Douglass C. North acerca del papel de las instituciones a la hora de promover la aparición de intercambios complejos, acumulaciones de capital e incrementos en la productividad del trabajo de forma sostenible, que serían la base del crecimiento económico a largo plazo. Si bien esta tesis parece plausible lógica e históricamente, necesitaba de cierta base empírica. Edward Glaeser, Rafael La Porta y Florencio López de Silanes proporcionan esa base empírica en Do Institutions Cause Growht? Os pego un fragmento de sus conclusiones (la negrita es mía):

Finally, the evidence shows a strong correlation between economic growth over a period and the average assessments of institucional quality over that period, including constraints on the executive, risk of expropriation, government effectiveness, and autocracy. In contrast, there is no relationship between growth and constitucional measures of institutions, such as judicial independence, constitucional review, plurality, and proporcional representation. The contrast between the institucional outcome variables used in the growth literature, and the constitucional constraints on government, is striking.

jueves, 8 de noviembre de 2012

La Corona y la economía española en el siglo XVI


Hace un par de años escribí un trabajo sobre las consecuencias del descubrimiento de América en la economía española. El hilo giraba inicialmente en torno a las remesas de oro y plata, que distorsionaron de forma decisiva la estructura productiva, pero terminó convirtiéndose en un trabajo global, con especial énfasis en la intervención de la Corona en la economía (sin la cual, las remesas indianas nunca hubieran sido tan perniciosas).

En esta entrada me gustaría mostrar cómo la intervención arbitraria generó incertidumbre, elevó los costes de transacción e inhibió el desarrollo de sectores económicos avanzados. Los dos ejemplos que he escogido son el mercado de capitales de Sevilla y la industria de la seda (muy importante en Granada y Valencia, por herencia musulmana).


A) El mercado de capitales de Sevilla


La llegada continua a Sevilla de cargamentos de oro y plata con destino a pagos de particulares y de la Corona incentivó la creación de una suerte de "mercado de valores", si bien nunca llamado así, como sucedió en Amberes, Amsterdam o Londres. Se ubicaba en Gradas, al aire libre, en un flanco de la catedral; allí acudían todos los mercaderes interesados en los tratos de giros y asientos [1]. Por su naturaleza, estas operaciones financieras requerían un marco institucional estable que garantizara el cumplimiento de los contratos y la seguridad de los títulos de propiedad a largo plazo. Sin embargo, las actividades de la Corona iban en la dirección opuesta: la expropiación de cargamentos (habitualmente compensada por la entrega de títulos de deuda a largo plazo, juros) y las sucesivas bancarrotas de la monarquía desalentaron las formas de contratación e inversión más complejas, dado que todo derecho de propiedad era inseguro en un horizonte temporal muy corto. 

Pocos eran los hombres de negocios que, con varios años de experiencia, no habían experimentado situaciones comprometidas, de modo que, para atenuar riesgos, los comerciantes tendieron a desinvertir en las finanzas y refugiar sus capitales en la agricultura, donde las posibilidades de expropiación era menores. Así, la inestabilidad institucional inhibió la contratación compleja y la acumulación de capital en las finanzas, que en otro caso hubiera podido financiar el desarrollo comercial e industrial.

En contraste con el caso español, en Inglaterra el mercado de capitales se desarrolló rápidamente después de las revoluciones de mediados del siglo XVII. El nuevo marco institucional, basado en la supremacía parlamentaria, el control de los estamentos sobre las finanzas, la independencia del poder judicial (al menos en relación a la Corona) y la supremacía de la common law aumentó la seguridad de los derechos de propiedad y redujo los costes de transacción. El Estado se volvió más solvente y pudo acceder a un nivel de fondos sin precedentes, surgieron multitud de nuevos bancos (incluido el Banco de Inglaterra en 1694, con el objeto inicial de intermediar en la deuda pública) y los tipos sobre el crédito público y privado bajaron.



B) La industria de la seda


La industria de la seda era, sin duda, la más prometedora de cuantas había en España a inicios del siglo XVI. Se trataba de una herencia musulmana, bien afincada en Valencia y en el recientemente conquistado reino nazarí de Granada, pero también en Toledo, Talavera de la Reina, Almería, Málaga y Murcia. 

Los Reyes Católicos respetaron inicialmente esta tradición, prohibiendo en 1500 la entrada en el reino de seda en madejas, en hilo y en capullos. Siguiendo una progresión que había empezado antes de las medidas proteccionistas, las exportaciones crecieron a buen ritmo a inicios de siglo, contando con mercados en Flandes, Francia, norte de África e incluso Italia. La afluencia de metales preciosos, al elevar los costes de producción y disminuir el tipo de cambio, pudo atenuar la fuerza exportadora de aquella industria, pero no la detuvo. Hacia 1540 se encontraba en su punto álgido: por entonces, en Granada se labraba, se vendía y se exportaba más que nunca. 

La industria se organizaba de la siguiente forma. En primer lugar, las familias moriscas elaboraban elaboraban la materia prima y vendían las madejas a comerciantes-empresarios. Estos proporcionaban la materia prima y arrendaban (o vendían) casas y telares a los tejedores, que trabajaban por encargo y devolvían a fecha fija el producto acabado, que era vendido a cuenta y riesgo del comerciante. Se trataba del célebre Verlagssystem o sistema de industria a domicilio. 

Sin embargo, todo el sistema había entrado en decadencia hacia 1575, como nos informan los procuradores de Granada: por entonces los telares están inactivos; la demanda extranjera, en crisis, etc. Las leyes suntuarias, promulgadas reiteradamente en 1494, 1534 y 1586, por un lado, limitaron la demanda interior, al tiempo que la Inquisición desplegó una enorme actividad durante la década posterior a 1550, cuando se confiscaron las propiedades de muchos judíos y moriscos. Además, se promulgó una pragmática sobre la exportación de géneros de seda, y los impuestos sobre la seda granadina aumentaron enormemente después de 1561.


C) Conclusión


Cuando los costes de transacción son elevados debido a la inestabilidad institucional, los contratos tienden a simplificarse y a limitarse tanto espacial como temporalmente. De ese modo, la productividad del trabajo y los beneficios empresariales decrecen, pero a su vez los riesgos de pérdida son menores. En relación con esto, se acentúa el predominio del sector primario, donde las actividades son poco intensivas en tiempo y en capital, mientras que los sectores secundario y terciario son condenados a la marginalidad salvo para las actividades directamente vinculadas con el Estado.

En esa tesitura, el comportamiento de los comerciantes sevillanos o de los tejedores granadinos nos aparece como perfectamente racional: adaptaron sus actividades económicas para minimizar las pérdidas, aún cuando eso supusiera abandonar actividades más productivas para ellos y para la economía en general. Como consecuencia de la inestabilidad y la consiguiente desinversión, España se convirtió en una región subdesarrollada, donde los empleos más codiciados se situaban en la esfera no productiva: el ejército, la Iglesia y el funcionariado.

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[1]: Un asiento consiste en un préstamo a gran escala entre la Corona y banqueros particulares, hasta cierto punto equiparable a una suerte de deuda pública a corto plazo. Como las sumas eran considerables, habitualmente tomaban parte muchos negociantes en el mismo préstamo. Los contratos de asiento fueron uno de los principales motivos para formar la bolsa de Sevilla, pero la expropiación de cargamentos y las bancarrotas de la Corona compensarían con mucho esa primera tendencia.

martes, 17 de abril de 2012

Formas de intercambio y desarrollo económico: la perspectiva de Douglass C. North


Douglass C. North, premio Nobel de economía en 1993, es uno de los historiadores económicos más innovadores de las últimas décadas. Su énfasis en el papel de las instituciones (formales e informales) a la hora de disminuir los costes de transacción y promover los intercambios complejos ha dado un giro copernicano a las teorías sobre desarrollo económico.

Habitualmente, un intercambio implica asimetría de información: la parte proveedora conoce mejor las características de su mercancía que la parte compradora, de modo que puede ocultar parte de las mismas para obtener beneficios fraudulentos a costa del comprador (p. ej., defectos ocultos de un vehículo usado). Obtener toda la información relevante sobre los bienes o servicios a contratar es costoso, como también lo es medir y vigilar el trabajo de un proveedor (otra empresa, empleados, etc.) para evitar comportamientos oportunistas. El coste de obtener tal información, negociar los contratos y hacerlos cumplir se llama coste de transacción. Aunque éste no puede eliminarse por completo de ninguna relación contractual, sí puede reducirse mediante limitaciones formales (leyes, constituciones, tribunales, etc.) e informales (códigos de conducta, valores, etc.) que castiguen a los oportunistas y promuevan el cumpliemiento de los contratos.

Douglass C. North sostiene que los intercambios tienden a adaptarse (contraerse o expandirse, hacerse más sencillos o complejos) en función de la magnitud del coste de transacción.

Una primera forma han sido los intercambios personales y sencillos, que se realizan en un ámbito espacial y temporal reducido; implican siempre a los mismos actores, que generalmente se conocen (homogeneidad cultural), y las características de los bienes intercambiados tienden a ser fácilmente medibles. En este contexto, los contratos se cumplen sin necesidad de coacción, sea por una de las partes o de una tercera (habitualmente, el Estado). Para evitar el oportunismo y el fraude, los actores tratan de repetir los intercambios con las mismas personas, o llevar al mercado únicamente bienes con características fáciles de medir (donde los problemas de información asimétrica entre comprador y vendedor son menores). Las sociedades tribales o la economía de aldea en la Edad Media serían buenos ejemplos de ello. En ellas, los costes de transacción son bajos, pero dado que la especialización y la división del trabajo son rudimentarios, los costes de transformación son muy altos.

Una segunda forma han sido los intercambios impersonales no garantizados por una tercera parte. Cuando los intercambios crecen en complejidad, las partes buscan reducir los costes de transacción (riesgo de oportunismo, fraude, etc.) mediante vínculos de parentesco, intercambio de rehenes, códigos de conducta comercial y otro tipo de lazos. Frecuentemente, el intercambio se realiza en un contexto de rituales complejos y de preceptos religiosos que deben obligar (idealmente) a las partes. Ejemplos de ello son las asociaciones comerciales de la Edad Media o los viajes kula de los indígenas de las islas Trobriand. Aunque este sistema permite cierta extensión de los contratos en el espacio y el tiempo y, por tanto, promueve cierta división del trabajo y alguna disminución en los costes de transformación (aumento de la productividad), los intercambios siguen realizándose entre grupos localizados que sólo pueden obligarse mutuamente mediante el ostracismo, el arbitraje basado en el parentesco, la amenaza sobre los rehenes de la otra parte, etc. El coste de transacción sigue siendo elevado.

Finalmente, las economías desarrolladas se mueven en un contexto intercambios impersonales garantizados por una tercera parte (o de cumplimiento obligatorio), donde el Estado vela por los derechos de propiedad, garantiza el cumplimiento de los contratos, persigue y castiga a los oportunistas, etc. Aunque este cumplimiento nunca es perfecto, permite llevar a cabo contratos más complejos que implican altos costes de transacción. Así, incentiva el ahorro y la inversión a largo plazo y los contratos diferidos en el tiempo y el espacio. Se desarrolla la división del trabajo, los costes de transformación disminuyen y la productividad del trabajo aumenta. Un ejemplo típico de esta forma de intercambio son las economías del Primer Mundo, donde toman parte individuos de culturas, religiones y características muy diferentes.

Sin embargo, la existencia de una tercera parte no es sinónimo de desarrollo económico. De hecho, el Estado es con frecuencia un obstáculo importante. La confiscación arbitraria de propiedades, la manipulación de la justicia o la inflación legislativa en respuesta a grupos de presión organizados inhiben el desarrollo de la economía, que tiende entonces a las dos primeras formas de intercambio. Así, los individuos se adaptan para minimizar los riesgos asociados con la información asimétrica, el oportunismo, etc. Ejemplos de ello son las economías del Tercer Mundo, o la evolución de la economía española entre los siglos XVI y XVII. El subdesarrollo es un resultado muy probable cuando el marco institucional promueve que los individuos inviertan en actividades no productivas (en especial, inversiones en influencia política para obtener rentas, redistribución a costa de otros individuos, etc.). Y los incentivos para tales inversiones no productivas aumentan conforme se expande la regulación estatal.

Por cierto, este esquema de Douglass C. North es complementario al de Karl Polanyi, sobre el que hablaremos algún día.

miércoles, 15 de junio de 2011

Datos sobre el comercio marítimo: la Antigüedad romana frente a la Edad Moderna


Puesto que la mayor parte del comercio preindustrial se realizaba por mar, el tonelaje de los barcos es un buen indicador del tráfico comercial.

En el siglo II d. C., Luciano de Samosata nos habla de un barco de 1800 toneladas, llamado Isis, que transportaba grano desde Egipto hasta Roma; sin duda se trata de un contratista del Estado encargado de suministrar la anona a la plebe urbana, pero da buena cuenta del nivel de actividad de la época.

En contraste, los galeones españoles que hacían la Carrera de Indias durante el siglo XVI tenían un tonelaje que oscilaba entre 200 y 400 toneladas, si bien el límite máximo estaba fijado por ley, dado que los navíos de mayor tonelaje tenían dificultades para atravesar la barra de Sanlúcar, en el Guadalquivir, poco antes de llegar a Sevilla. En esta época, "un navío de 1000 toneladas era un extraño gigante", nos dice Braudel; probablemente también lo era la Isis de época romana. Pero sabemos que existían: navíos portugueses que ponían rumbo hacia África o la India, genoveses que hacían el camino de Brujas o venecianos que acudían al Levante Sirio-Palestino en busca de especias.

No obstante, la norma en el Mediterráneo hasta época reciente han sido los navíos pequeños, de 100, 50 o menos toneladas.

lunes, 16 de mayo de 2011

Apuntes sobre la explotación agraria en la Grecia clásica


Todavía no lo he leído, pero The Other Greeks: The Family Farm and the Agrarian Roots of Western Civilization promete. Aunque no me gusta demasiado el tono presentista del título (supongo que cosas de la editorial), parece que trata explícitamente la conexión entre la pequeña explotación agraria y las instituciones griegas (la negrita es mía):
Victor Hanson shows that the real Greek revolution was not merely the rise of a free and democratic urban culture, but rather the historic innovation of the independent family farm. The farmers, vinegrowers and herdsmen of ancient Greece are the other Greeks, who formed the backbone of Hellenic civilization. It was these tough-minded, practical and fiercely independent agrarians, Hanson contends, who gave Greece culture its distinctive emphasis on private property, constitutional government, contractual agreements, infantry warfare and individual rights.
Para mí todavía es un misterio la transición del modo de producción palatino de época micénica, muy similar a los sistemas del Próximo Oriente, donde las tierras eran propiedad del palacio y/o estaban sometidas a prestaciones de todo tipo (en especie y trabajo), al modo de producción típico de época clásica, donde la tierra era privada, estaba distribuida entre gran parte de la población y sus propietarios disfrutaban de amplios derechos civiles y económicos. Enumerar las etapas que van de un período a otro es fácil; no lo es tanto explicar por qué Grecia se apartó del camino seguido por otras culturas del Mediterráneo oriental, cuando hasta el Bronce reciente era tan similar a ellas.

Intuyo que existe una razón ecológica para la pequeña explotación: puede que no exista ventaja en la construcción y el mantenimiento de infraestructuras hidráulicas dado el régimen de lluvias y la topografía griega, ni sea necesario el almacenamiento a gran escala, dado que el mercado puede movilizar los excedentes de una costa a otra en épocas de escasez. Esto mitigaría la dependencia de los campesinos griegos respecto a las "grandes organizaciones" estatales, dotándoles de mayor libertad que sus homólogos egipcios o mesopotámicos. No obstante, esta explicación (sobre todo en su segundo punto) abre nuevos interrogantes que es necesario responder.

lunes, 4 de abril de 2011

Balance de la Revolución francesa


Vía Ángel Martín Oro llego a The Consequences of Radical Reform: The French Revolution, una interesante estudio que pasa revista a los resultados de la invasión napoleónica en diferentes estados europeos (en especial, de Alemania). Los autores observan cierta correlación entre presencia napoleónica y desarrollo económico a largo plazo (medido a partir de las tasas de urbanización), concluyendo que la invasión tendió a promover instituciones más eficientes en detrimento de los sectores privilegiados. Os pego el abstract:
The French Revolution of 1789 had a momentous impact on neighboring countries. The French Revolutionary armies during the 1790s and later under Napoleon invaded and controlled large parts of Europe. Together with invasion came various radical institutional changes. French invasion removed the legal and economic barriers that had protected the nobility, clergy, guilds, and urban oligarchies and established the principle of equality before the law. The evidence suggests that areas that were occupied by the French and that underwent radical institutional reform experienced more rapid urbanization and economic growth, especially after 1850. There is no evidence of a negative effect of French invasion. Our interpretation is that the Revolution destroyed (the institutional underpinnings of) the power of oligarchies and elites opposed to economic change; combined with the arrival of new economic and industrial opportunities in the second half of the 19th century, this helped pave the way for future economic growth. The evidence does not provide any support for several other views, most notably, that evolved institutions are inherently superior to those 'designed'; that institutions must be 'appropriate' and cannot be 'transplanted'; and that the civil code and other French institutions have adverse economic effects.