Mostrando entradas con la etiqueta Antropología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Antropología. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de abril de 2013

La guerra en un contexto de descenso demográfico

Hemos comentado en alguna ocasión que la guerra aparece históricamente asociada al crecimiento demográfico. La expansión de la población da lugar a conflictos entre comunidades por el control de los recursos, lo que sirven tanto para limitar la natalidad dentro de cada comunidad (a través de métodos anticonceptivos, infanticio, etc.) como para mantener a las comunidades lo suficientemente alejadas entre sí, de forma que conserven un área de explotación lo suficientemente grande para su sustento. Esta explicación se ajusta bastante bien al caso de los machiguenga de la selva amazónica y a los casos registrados de diferentes sociedades protohistóricas (egipcios predinásticos, celtas, griegos de la Edad Oscura, etc.).

Sin embargo, bajo determinadas circunstancias sucede lo contrario: la guerra puede recrudecerse a causa de un descenso demográfico. Como comentan Michel Balard y otros, la depresión demográfica de los siglos XIV y XV en Europa, con la consiguiente reducción de las rentas, presionaron a los señores feudales a buscar nuevas fuentes de ingresos a través de la guerra (la negrita es mía):
Las rentas de la aristocracia terrateniente disminuyeron de año en año. Para compensar esta disminución, los nobles y todos los que vivían de las rentas de la tierra buscan otras fuentes de ingresos, como por ejemplo el bandidaje que, en estos tiempos turbulentos, suponía pocos riesgos; hay ejemplos famosos, en Francia e Inglaterra, de nobles bandidos (los Folville, por ejemplo), pero más graves eran las usurpaciones sistemáticas de las propiedades ajenas que solían llevar a cabo muchos señores propietarios de tierras.
De esta fecha datan, por cierto, numerosas guerras civiles entre diferentes sectores de la nobleza y la monarquía.

lunes, 21 de enero de 2013

La supremacía masculina

El debate acerca de la supremacía masculina está presidido por un hecho incuestionable: el hombre ha dominado sobre la mujer de forma abrumadora en los últimos cinco mil años (desde que existe registro escrito). 

Hobbes consideraba que hombres y mujeres solo se hacen desiguales por la ley; no obstante, en tal caso habría que explicar por qué los hombres, partiendo de una situación de igualdad, consiguen sobreponerse a las mujeres y emplear la ley para dominarlas. 

El antropólogo Evans-Pritchard sostenía que la desigualdad de género estaba ligada a la desigualdad social en general: las sociedades más estratificadas tendían a conceder más poder al hombre sobre la mujer, mientras que las sociedades más igualitarias a nivel político/económico tendían a mostrar relaciones de género también más igualitarias. Sin embargo, existen excepciones muy importantes a este modelo: tribus igualitarias como los machiguenga (Amazonas peruano) oprimen y maltratan a sus mujeres; los atenienses clásicos (también relativamente igualitarios), recluían a sus mujeres en una estancia de la casa, y su existencia era tan miserable que solía decirse que, "para una mujer griega, un mal marido es peor que la muerte"; lo mismo sucedía en la Norteamérica de los siglos XVIII-XIX, considerablemente igualitaria pero brutalmente machista.

Así pues, ¿cómo explicar la supremacía masculina en tantas sociedades a lo largo de la historia? En primer lugar, debemos reconocer que hombres y mujeres no son iguales por naturaleza (lo que tampoco implica relaciones de superioridad per se). Los hombres son de media un 6% más altos que las mujeres, lo que implica, también de media, un 6% más de masa muscular. Eso significa que somos un 6% mejores para combatir o para remover la tierra con arados, una diferencia crucial en determinados contextos.

Para una sociedad preindustrial que vive azotada por la escasez, remover la tierra con un 6% más de efectividad supone cosechas más abundantes y más tierras cultivables; es decir, menos mortalidad por hambruna. Dado que carecen de métodos anticonceptivos y no pueden mantener a todos los niños que nacen, estas sociedades se ven obligadas a elegir qué niños sobreviven y cuáles mueren. Como los hombres son vitales para trabajar el arado, tienden a practicar el infanticidio femenino, lo que da como resultado un porcentaje de hombres mayor que el de mujeres al llegar a la edad adulta. Así, nos encontramos con sociedades donde hay más hombres que mujeres, donde se prefiere el nacimiento de hijos varones y donde las hijas son percibidas como una carga por sus familias *. Por si fuera poco, el varón tiene el control sobre la parte más vital de la subsistencia familiar: el fruto de su arado.

Además, como decíamos, más masa muscular implica más fuerza para combatir. Cuando la guerra es endémica (con frecuencia a causa de la presión sobre los recursos), las sociedades incapaces de defenderse son expulsadas de sus tierras, bosques o pastos y forzadas a emigrar hacia zonas marginales o a trabajar como siervos para los invasores. En esa tesitura, los grupos tienen que tomarse en serio su defensa: como en el caso anterior, deben practicar el infanticidio femenino para obtener un mayor ratio de hombres sobre mujeres y adiestrar a sus hijos varones en la guerra. Por si fuera poco, estas sociedades guerreras entregan las armas a los varones y premian en ellos los comportamientos agresivos y temerarios. Los hombres que serían castigados con la cárcel en una sociedad moderna son premiados aquí con banquetes y concubinas, lo que hace más probable y más permisible el maltrato de género.

Así pues, la supremacía masculina aparece cuando proporciona una ventaja cultural: más y mejores cultivadores y más y mejores guerreros. En sociedades donde la guerra y el arado están ausentes, como entre ciertos cazadores-recolectores (por ejemplo, los ¡kung de Botsuana), los hombres son incapaces de dominar a las mujeres. Lo mismo sucede donde el cultivo de la tierra no requiere de tanta fuerza muscular (por ejemplo, donde se cultiva mediante técnicas de tala y quema, o mediante tecnología industrial) o donde la guerra ha perdido su carácter de cuerpo a cuerpo (como en las sociedades postindustriales modernas). La protohistoria de la península ibérica proporciona un ejemplo significativo: los galaicos, cuyas mujeres gozaban de un rango social respetable, practicaban la agricultura de tala y quema, mientras que los íberos, que cultivaban con arados, eran una sociedad marcadamente patriarcal.

La buena noticia en todo esto es que, si bien los hombres han dominado sobre las mujeres porque existía una ventaja en ello, tal ventaja ha desaparecido. En la actualidad la inteligencia es abrumadoramente más crucial que la masa muscular, de modo que existe una ventaja cultural en incorporar a la mujer, en pie de igualdad, en los trabajos productivos y militares.


----------------

* Las mujeres son percibidas como una carga, pero es indudable que también realizan actividades importantes: tejen los vestidos para uso de la familia, crían a los hijos, cuidan de los animales domésticos y en ocasiones cultivan los huertos cercanos.

viernes, 23 de marzo de 2012

Las bases del Imperio carolingio


El Imperio carolingio, vigente desde la segunda mitad del siglo VIII hasta la primera mitad del IX, aparece como una excepción notable en la historia de la Edad Media.

Desde el siglo III era evidente en toda Europa occidental una depresión demográfica y económica, que en última instancia desencadenó la quiebra del Imperio romano. Como hemos visto en otros posts, éste se disolvió en una serie de poderes locales (obispados, aristocracias romano-germánicas, etc.), formalmente culminados por las nuevas monarquías de origen bárbaro (visigodos, anglosajones, francos, etc.).

La depresión demográfica, la autarquía económica y la consiguiente preeminencia de la propiedad inmobiliaria brindaban pocas opciones de expansión a las monarquías centrales. Sus resultados obvios eran la descentralización política y la protofeudalización. Sólo a partir del siglo XI, coincidiendo con una nueva coyuntura demográfica y económica, empezará una lenta consolidación basada en las economías militares de escala y en la alianza entre ciudades y monarquía (lo que permitía a esta última obtener ingresos líquidos a cambio de privilegios comerciales). La culminación de este proceso son las monarquías autoritarias y absolutas de la Edad Moderna.

Así pues, la emergencia del Imperio carolingio en el siglo VIII parece una excepción inexplicable. ¿Cuáles son sus bases estructurales?

A nivel político, está formado por unos 300 condados elegidos y revocables por el emperador, así como varias marcas en los territorios fronterizos (Hispania, Sajonia, Panonia, Bretaña). Cada región conserva sus propias leyes, y los impuestos directos de época romana han desaparecido casi completamente. El emperador sólo obtenía ingresos de las rentas de sus dominios (tierras fiscales), de las multas judiciales (las freda), de las multas militares y de impuestos indirectos sobre un escaso comercio*. La administración palatina envía periódicamente por el Imperio a unos agentes reales (missi dominici) encargados de corregir los abusos de condes y marqueses, de impartir justicia y de proponer sanciones. Pero eso es todo.

El Estado consiste en una pirámide de relaciones vasalláticas culminadas en el emperador. Éste emplea sus dominios reales (tierras fiscales) para concederlos a sus vasallos, que a cambio le deben lealtad y obediencia, si bien las tierras vuelven a manos del emperador a la muerte de éstos. De ese modo, se forma un grupo de vasallos reales (vassi dominici) que acompañan al monarca en todas sus campañas. Todos los hombres libres tienen obligación de prestar un servicio militar, pero en la práctica sólo se convoca a quienes habitan cerca de la región donde se va a luchar. Esto implica que las economías militares de escala son escasas, puesto que las regiones fronterizas no se benefician del potencial militar del conjunto del imperio (salvo en lo que se refiere a los vasallos directos del rey).

Dado que el Imperio carolingio no proporciona economías significativas (a nivel de escala o de costes de transacción), su existencia fugaz debe apoyarse en una circunstancia excepcional.

El emperador debe su poder a la guerra: gracias a ella amplía con frecuencia sus dominios reales (tierras fiscales), que así puede repartir entre más guerreros, ampliando la nómina de vasallos a su servicio. A su vez, los éxitos militares en sí mismos atraen a nuevos caballeros bajo su servicio con la perspectiva de obtener botín. Pero cuando las conquistas se estancan, el número de vasallos tiende a reducirse, o bien éstos tienden a independizarse: al morir los vasallos, sus propiedades retornan al dominio real y sus descendientes se desligan del emperador; o bien los descendientes de los vasallos presionan al monarca para que se les conceda la misma tierra en plena propiedad, dado que ya no pueden obtener nuevos dominios en el extranjero. En ambos casos, el poder central se reduce.

Así pues, el Imperio carolingio debe su existencia a las oportunidades de conquista en las fronteras del núcleo del reino franco (Aquitania, Baviera, Bretaña, Sajonia, Lombardía, norte de Hispania, etc.), donde sus enemigos eran técnicamente inferiores**. Dado que los dominios reales aumentaban en mayor medida que los de sus vasallos a cada conquista***, los éxitos militares pusieron en marcha una retroalimentación positiva entre conquistas, dominios reales, número de vasallos y poder imperial que cesó tan rápidamente como se alcanzaron territorios demasiado lejanos o demasiado difíciles de doblegar.

La nobleza local, reforzada por la adquisición a perpetuidad de sus honores y beneficios (en suma, tierras), tendió a fomentar las luchas dinásticas por el acceso al trono, donde apoyaba a unos u otros candidatos a cambio de obtener nuevos dominios. Así, Carlos el Calvo (840-877) distribuyó cuatro veces más tierras fiscales que Carlomagno.

El pacto de Verdún (843), las guerras civiles, las invasiones vikingas y las razzias musulmanas pondrán el punto y final a los sueños de unidad. Finalizada la experiencia imperial, y un vez equiparada toda Europa occidental a nivel técnico, daba comienzo la época feudal clásica.

-----------------

* El comercio es escaso respecto a épocas posteriores, pero no respecto a la época inmediatamente anterior. El imperio carolingio logró cierto excedente económico a través de la acuñación de plata y del movimiento interregional de bienes, que conectaba sobre todo por vía fluvial los diferentes centros de comercio.

** Una prueba de ello es que las principales exportaciónes del Imperio carolingio en dirección a los territorios del Norte y el Este de Europa consistían en armamento. De hecho, Carlomagno confiscó en alguna ocasión estas exportaciones por motivo de seguridad interna.

*** Esto es fácil de demostrar con un ejemplo sencillo. Supongamos que el territorio inicial franco está dividido en 4 áreas; 1 de ellas propiedad real y las otras 3, propiedad real cedida en usufructo a sus vasallos nobiliarios. Si el territorio aumenta de 4 a 6 áreas, el monarca puede ceder 3 propiedades para sus vasallos y conservar otras 3. Si vuelve a aumentar hasta 8 áreas, puede conservar 5 y ceder 3. Por último, si las conqusitas aumentan el territorio hasta 10 áreas, puede retener 7 y ceder 3. Así, las conquistas garantizan que el emperador pueda redistribuir 3 parcelas para mantener constante el número de vasallos, al tiempo que expande el dominio real directo en relación a los dominios de sus vasallos.

domingo, 29 de enero de 2012

Aristóteles: estructura social y estructura política


Como dijimos en La redistribución como mecanismo de cohesión social, los Estados tratan de perpetuarse mediante la distribución de ingresos y de participación política entre sus súbditos, de forma que cada grupo social reciba una cantidad igual a su contribución marginal a la supervivencia de la comunidad. He encontrado una explicación sorprendentemente similar en la Política de Aristóteles, que correlaciona la estructura socioeconómica de las poleis griegas con su estructura de participación política (p. 240):
Puesto que cuatro son principalmente las partes del pueblo -campesinos, artesanos, comerciantes y jornaleros- y cuatro las que se necesitan para la guerra -caballería, infantería pesada, infantería ligera y flota-, donde el país sea adecuado para la caballería, allí corresponderá, naturalmente, establecer la oligarquía fuerte (pues la salvación de los habitantes radica en ese poder, y la crianza de los caballos es propia de los que poseen grandes fortunas); y donde para la infantería pesada, la siguiente oligarquía (ya que la infantería pesada es más propia de los ricos que de los pobres); la infantería ligera y la flota son totalmente democráticas.
Sería interesante verificar empíricamente esta hipótesis a través de las fuentes y de la arqueología. Aristóteles basa sus observaciones en una recopilación de 158 constituciones de diferentes estados griegos, pero desgraciadamente se han perdido todas salvo la de los atenienses.

martes, 28 de junio de 2011

Epílogo: el caballero medieval como adaptación


"El ideal es una flor cuyas raíces son las condiciones materiales de existencia" - Proudhon.

En la introducción decíamos que el comportamiento y los valores del caballero medieval adquieren sentido como adaptación a un determinado contexto ecológico, demográfico y tecnológico, pero tengo la impresión de que el trabajo ha terminado convirtiéndose en un relato casi literario sobre su vida cotidiana, con una breve introducción sobre las "condiciones materiales y culturales" donde no se percibe ninguna relación causal. En este artículo trataré de remediarlo.

En primer lugar, los hechos. El caballero medieval se distingue por su comportamiento agresivo (idealmente controlado), que tiene como finalidad obtener botín, gloria y oportunidades de matrimonio. Al mismo tiempo, el caballero tiende a ser pródigo con sus bienes, y gasta cuanto tiene con sus camaradas de armas y vasallos directos; valora el honor (es decir, la buena reputación, vinculada casi siempre al linaje), las virtudes cristianas y la justicia, que deberían plasmarse en la defensa de los débiles y la sumisión a la Iglesia.

En segundo lugar, la explicación, los por qués. La gran pregunta que debemos responder aquí es por qué los valores y el comportamiento de la caballería medieval triunfaron en la Europa occidental entre los siglos XI y XIII d. C., antes que en otros lugares y en otras épocas [1]. Al asignar diferentes grados de probabilidad a su aparición y éxito, la Historia se convierte en ciencia.

Dada la densidad demográfica y la tecnología de la Edad Media Plena, para las comunidades aldeanas era más rentable defender un territorio que huir de él. En un contexto demográfico menos denso, la respuesta ante agresiones externas podía haber consistido en desplazarse a otros territorios, con la idea de que éstos serían igual de productivos que los ocupados previamente. No obstante, en el siglo XI las áreas cultivables eran escasas en relación a la población, puesto que los medios técnicos tornaban inaccesible el cultivo de muchas zonas, al tiempo que debía mantenerse cerca de la mitad de las tierras en barbecho durante prolongados períodos de tiempo para recuperar su fertilidad. Como resultado, sólo podía cultivarse a la vez una fracción muy pequeña de las tierras, y los campesinos debían resistir a las agresiones externas si querían conservar su nivel de vida, pues no encontrarían parcelas de una fertilidad similar en otro lugar.

La necesidad de defensa frente a las agresiones externas, unido a las economías de escala derivadas de la aparición del estribo, dieron como resultado la aparición de una clase de caballeros equipados con armadura, que podían vencer a cualquier grupo de bandidos o campesinos armados. Así, las comunidades aldeanas tendieron a rendir homenaje a estos guerreros montados a cambio de protección; o bien, los propios caballeros tendieron a conquistar sus tierras y exigirles rentas a cambio del mismo servicio. Como era necesario poseer cerca de 150 hectáreas de tierra para costearse el equipo de caballero, pronto la presión sobre las tierras desembocó en conflictos armados entre señores; este es el origen de la guerra feudal. Así se explican también las aventuras de juventud, que alejaban del hogar familiar a los segundones que no se había podido colocar en el sacerdocio, al tiempo que, a causa de la elevada mortalidad derivada de la guerra, tendían a reducir el número de hijos que optaban a la herencia paterna -y, de ese modo, garantizaban la transferencia íntegra del patrimonio al primogénito. Por otro lado, las aventuras de juventud permitían adquirir prestigio y reputación, vitales para maximizar las oportunidades de matrimonio, extender las redes de alianzas y los pactos de vasallaje durante la vida adulta.

Los imperativos de la defensa y la adquisición de tierras, así como la exposición constante a los peligros de la guerra, incentivaban los comportamientos agresivos y el énfasis en valores como el honor, que tendía a disuadir enemigos y atraer vasallos y aliados. La largueza, los regalos constantes y el despilfarro (plasmado habitualmente en copiosos banquetes), al señalizar la capacidad de un caballero para obtener botín, indicaban su audacia militar y aumentaban su capacidad de atraer los servicios de otros caballeros, vasallos y aliados. Por último, el énfasis en las virtudes cristianas, al mitigar el abuso de los señores sobre sus vasallos, daba cierta seguridad a los campesinos y garantizaba la producción agraria, vital para la supervivencia de los linajes nobiliarios. [2]

----------

[1]: Al hacerlo también explicamos por qué otros espacios geográficos y otras épocas han dado individuos de características muy parecidas.

[2]: Esto guarda muchas similitudes con el origen de las vacas sagradas en la India; en ambos casos, se trata de proteger mediante la ideología un activo valioso a largo plazo que está muy expuesto a los abusos puntuales a corto plazo.

lunes, 6 de junio de 2011

Similitudes entre los bunyoro y el Egipto antiguo


Vía Marvin Harris llego a una descripción del Estado bunyoro, una civilización precolonial ubicada en la zona lacustre de la actual Uganda que presenta paralelismos interesantes con el Antiguo Egipto. Si la clave de éste último era la "trampa hidráulica" (el contraste ecológico entre el valle del Nilo y los desiertos circundantes), el área de los bunyoro cuenta con zonas lacustres y fluviales frente a grandes extensiones de sabana, aunque el contraste ecológico y la fertilidad de las tierras son menores.

Para el Egipto del Imperio Nuevo (siglos XVI-XI a. C.), Baer plantea una densidad media de población de 184 personas por kilómetro cuadrado -oscilando entre 75 y 500 personas según la zona-, mientras que Beattie calcula para la zona bunyoro en el siglo XIX una densidad de población de 12,5 personas por kilómetro cuadrado. A pesar de las diferencias, explicables en gran parte como consecuencia de la extraordinaria fertilidad del valle del Nilo, sus similitudes ecológicas condujeron a una organización política y económica similar (la negrita es mía):
Dirigidos por un gobernante hereditario llamado mukama, los bunyoro totalizaban aproximadamente 100.000 habitantes, ocupaban una zona de 5000 millas cuadradas de esa parte de la región lacustre central del este de África que hoy se conoce como Uganda y se ganaban la vida, principalmente, cultivando mijo y plátanos. Los bunyoro estaban organizados en una sociedad feudal y, sin embargo, auténticamente estatal. El mukama no era un simple jefe redistribuidor sino un rey. El privilegio de utilizar todas las tierras y los recursos naturales era una concesión otorgada por el mukama a alrededor de una docena de jefes, que después traspasaban la concesión a los plebeyos. A cambio de esta concesión, cantidades de alimentos, artesanía y servicios laborales se encaminaban a través de la jerarquía de poder hasta el cuartel general del mukama. A su vez, el mukama dirigía la utilización de esos bienes y servicios en nombre de las empresas estatales. (...).

Mediante su control sobre los almacenes centrales de cereales mantenía una guardia palaciega permanente y colmaba de recompensas a los guerreros que mostraban su valentía en el combate y lealtad a su persona. El mukama también dedicaba una proporción considerable de su tesoro a lo que hoy llamaríamos "la creación de imagen" y las relaciones públicas. Se rodeaba de numerosos funcionarios, sacerdotes, hechiceros y servidores tales consagrados a la custodia de las lanzas, de las tumbas reales (...). También estaban presentes el amplio harén del mukama, sus numerosos hijos y las familias políginas de sus hermanos y otros personajes reales.
La clave del paralelo está en la existencia de una economía palatina basada en el almacenamiento centralizado y a gran escala, imprescindible para distribuir el riesgo de malas cosechas y sostener a una casta de funcionarios, militares y artesanos; en la delegación del gobierno provincial a los jefes locales, encargados de cobrar tributo (recuerdan a los nomarcas y sumos sacerdotes egipcios) y en la relativa sacralización del poder (el monarca se atribuye poderes sobre la naturaleza y se le rinde culto tras su muerte). El papel político del harén real también es una similitud interesante.

Y hasta aquí puedo leer. Me reservo para otro capítulo explicar el por qué de esta "economía palatina" en casi todos los Estados prístinos, desde el Próximo Oriente hasta Sudamérica.

domingo, 24 de abril de 2011

El valor económico de la tierra y las causas de la guerra


Varios apuntes rápidos:

1. La aparición de la guerra como un fenómeno generalizado, distinto de las agresiones puntuales, implica que la tierra ha adquirido valor económico; es decir, que de su posesión depende la satisfacción de alguna necesidad humana. Cuando la población es escasa y la tierra abundante, el valor económico de una unidad de tierra es cero y, por lo tanto, se puede renunciar a ella sin renunciar a necesidad alguna. Por este motivo, las sociedades cazadoras-recolectoras simples tienden a evitar la guerra desplazándose a otros territorios cuando son atacadas, al tiempo que los grupos agresores tienden a ser escasos.

2. Conforme aumenta el valor económico de la tierra aumentan los incentivos para la guerra, puesto que de su posesión depende la satisfacción de necesidades humanas más apremiantes.

3. La guerra aparece cuando los beneficios de explotación de una parcela superan los costes de defender tal parcela de agresiones externas; es decir, cuando la resistencia es más económica que la migración. En otros términos, podríamos decir que la guerra aparece cuando la intensificación económica o la explotación de recursos altamente productivos ha llegado a tal punto que su producción total, menos los costes de defensa, es superior a la producción total de cualquiera de las tierras alternativas. Por ejemplo, si los beneficios de explotación de un valle, descontado el coste de construir murallas, terraplenes y armas (además del tiempo empleado en la guerra), son superiores a los beneficios que podrían obtenerse de la explotación en las estepas y montañas circundantes, es previsible que los habitantes de tal valle tiendan a fijarse al territorio e invertir en su defensa frente a los habitantes de las estepas. Si los costes de defensa merman los beneficios de explotación del territorio por debajo de los beneficios que se obtendrían en los territorios circundantes (algo muy probable donde la densidad demográfica es muy baja), la estrategia más probable es la migración a tales áreas.

Cabe distingur esta explicación del clásico argumento basado en la presión sobre los recursos. En ocasiones, un aumento en el valor económico de la tierra no implica que de su posesión dependa la supervivencia de la comunidad (aunque con frecuencia ambas situaciones aparezcan asociadas); sólo significa que su posesión otorga alguna ventaja a su poseedor que no podría obtener de otro modo. Esto bastaría para despejar la confusión acerca de los orígenes de la guerra donde, aparentemente, no existía presión sobre los recursos en sentido estricto, como el Egipto predinástico (IV milenio a. C.) [1].

Dado que existe una estrecha correlación entre la densidad demográfica y el tamaño de las unidades políticas (aunque existen notables excepciones que deben ser explicadas, como los estados comerciales), podemos intuir que el aumento en el valor económico de la tierra es una de las principales causas de la guerra. No es casual que las primeras evidencias arqueológicas generalizadas de agresión entre humanos daten del Mesolítico.

-------

[1]: Todavía este caso es discutible, puesto que sí se ha correlacionado el aumento de la conflictividad con una disminución de las áreas de explotación debido a cambios climáticos.

sábado, 16 de abril de 2011

El caballero franco visto por los árabes


"Mi señor, soy caballero a la manera de mi raza y mi familia." - Osama Ibn Munqidh.

En un librito de Trebor Cains sobre los caballeros medievales me encuentro un texto de Ibn Munqidh (1095-1198), un sirio que vivió el apogeo de los reinos cruzados de Tierra Santa, a mediados del siglo XII. En su relato transmite lo que probablemente era la perspectiva común de los árabes sobre los invasores francos -es decir, cristianos de Occidente-. Pego algunos fragmentos:
Los francos (¡Alá los maldiga!) no tienen ninguna virtud, excepto la valentía. Sólo los caballeros tienen cierta importancia y superioridad entre ellos. En realidad, ellos son los únicos que cuentan. También están considerados como los árbitros de los consejos, los juicios y las decisiones. (...). Así, una vez que los caballeros han anunciado su decisión, ni el rey ni cualquier otro jefe de los francos puede alterarla o suavizarla, tal es la importancia de los caballeros a sus ojos (...).

¡Alabado sea Alá, creador y autor de todas las cosas! Pues quien conoce a los francos y todo lo que a ellos se refiere no puede menos que glorificar y santificar a Alá el Todopoderoso; pues no son más que animales, superiores en su valentía y en su dedicación a la lucha, pero en nada más, igual que las bestias son superiores en fuerza y agresividad.
Su perspectiva recuerda a la de Heródoto, cuando habla del "loco heroísmo" de los cántabros y, en general, a la de muchos otros relatos de griegos y romanos que describen a los pueblos bárbaros de la periferia mediterránea (celtas, germanos, escitas, etc.); egipcios y mesopotámicos repiten tópicos similares acerca de los libios, semitas y montañeses de los Zagros. Las civilizaciones urbanas, comerciales y con una densidad demográfica elevada tienden a considerar el comportamiento de sus vecinos en términos étnicos ("no son más que animales"), tomando como biológico lo que es puramente cultural, derivado de unas condiciones ecológicas, demográficas y tecnológicas determinadas. En cualquier caso, es interesante notar que, desprovisto de su estética impresionante, el caballero medieval occidental se nos presenta mucho menos brillante de lo que nos transmite la cultura popular europea.

Por otro lado, es destacable la observación de Munqidh acerca del contrapeso de poderes entre el rey y los caballeros, pues esta peculiaridad terminaría dotando al Occidente europeo de instituciones más estables y derechos de propiedad más seguros; condiciones sine qua non del desarrollo económico a largo plazo. En los estados islámicos, las penas y los códigos nos aparecen como más civilizados, pero la ausencia de contrapesos hizo su aplicación mucho más arbitraria: los magistrados urbanos (en especial el qadí, encargado de la justicia) eran designados por el Estado central, las ciudades y los estamentos carecían de representación política, etc.

martes, 5 de abril de 2011

El banquete en cuatro sociedades de jefatura


Cuando tenga más tiempo ampliaré el post, pero provisionalmente me gustaría señalar las similitudes entre los banquetes practicados por cuatro sociedades distintas: los griegos de la Edad Oscura, los celtas, los caballeros de la cristiandad latina y los indios de la costa noroeste de Norteamérica. Este registro, aunque breve, muestra cómo los elementos superestructurales tienden a convergir cuando la estructura productiva, ecológica y demográfica es similar.


Caso 1: los griegos de la Edad Oscura (siglo VIII a. C.)

Extraído de S. B. Pomeroy et al., La Antigua Grecia: historia política, social y cultural, p. 84:
Por lo general, un jefe recluta a sus seguidores celebrando un gran banquete, en el que demuestra que es un gran caudillo, y con el que estrecha los lazos existentes entre él y sus seguidores. Por ejemplo, Ulises, fingiéndose un caudillo guerrero originario de Creta, cuenta cómo realizó una incursión de saqueo en Egipto. Tras armar nueve naves, dice que reunió a su séquito, "y en mi casa seis días comiendo estuvieron aquellos mis leales amigos (hétairoi): les daba sin duelo mis reses, que a los dioses sirviesen de ofrenda y festín para ellos. Embarcados, al séptimo día levamos de Creta (Odisea, XIV, 247-252).

Caso 2: los celtas de la Segunda Edad de Hierro (s. IV a. C. - VI d. C.)

Extraído de H. Hubert, Los celtas: forjadores de la Europa moderna, p.496:
Los cambios ceremoniales de regalos tienen tal importancia en estas sociedades que llegan a efectuarse por sí mismos, a constituir de por sí ocasiones de fiesta, creando la puja, el desafío, la ostentación y la competencia entre los individuos y los grupos. Hay que imaginarse a estas sociedades reunidas en invierno, y concentrando en este período su liturgia, empleando una buena parte de la mala estación en el intercambio de festines ostentatorios, preparados con anticipación y en un continuo juego de bolsa que siempre va al alza y en el que ganancias y pérdidas se saldan con valores sociales, consideración, rango, posesión de blasones.


Caso 3: los caballeros de la cristiandad latina (siglos XII-XIII d. C.)



Extraído de Georges Duby, El siglo de los caballeros, pp. 128, 129:
El prestigio de un señor se medía por el número de personas que conseguía reunir a su alrededor y alimentar. (...). Cada comida era una ceremonia, la del buen entendimiento entre todos. Uno de los vasallos de Arnoul hacía de maestro de ceremonias. Como en las casas de los mayores príncipes, desempeñaba el oficio de "senescal". Su papel era, al principio, derramar asgua en las manos de los invitados (porque éstos comían con los dedos). Luego, cortar las viandas traídas de las cocinas. Finalmente, repartir los trozos en anchas rebanadas de pan que servían de platos. Los escuderos llenaban de vino unas pocas copas que los comensales se pasaban de mano en mano. A veces, los juglares alegraban el festín. Para que todos se sintieran felices, Arnoul velaba para que se sirviera el pan más blanco, para que no se escatimase la pimienta ni todas las especias olorosas importadas del lejano Oriente. Quería que los platos fuesen sabrosos. Quería que corriese a raudales el vino de la mejor calidad. Y para que las gentes de su casa le sirvieran de buena gana, para que los visitantes recordasen durante mucho tiempo su acogida y difundiesen por todas partes la fama de su largueza, enviaba a comprar a las ferias los hermosos paños que se tejían en las ciudades de Flandes y de Artois, y los ofrecía como regalo a sus amigos con el fin de que la alegría estuviera siempre presente en torno a su persona.

Caso 4: los indios de la costa noroeste de Norteamérica (siglo XIX d. C.)



Extraído de A. W. Johnson y T. Earle, La evolución de las sociedades humanas, p. 222:
Los grandes hombres (jefes) son los promotores de las grandes ceremonias interregionales como el potlatch. Infinidad de sucesos pueden justificar las ceremonias, entre ellos los numerosos eventos del ciclo vital de la familia de un gran hombre: nacimientos, ceremonias de nombramiento, etc. Sin embargo, lo que determina si una ceremonia se celebra o no es el monto de riqueza que un gran hombre ha acumulado. Éste la organizará sólo si tiene una amplia riqueza, puesto que otros grandes hombres no tardarán en ridiculizarlo si su festín no es lo bastante suntuoso. Un objetivo primario es el de hacer público el éxito del grupo y, de este modo, atraer la mano de obra [N: también guerreros] que el gran hombre necesita para explotar los recursos e incrementar la riqueza que tiene a su disposición. (...) son ocasiones para que los grandes hombres compitan por el prestigio, regalando riqueza e incluso destruyéndola. La envidia y la humillación forman parte del festín.

jueves, 31 de marzo de 2011

El materialismo cultural de Marvin Harris


Muchos historiadores idealistas podrían objetar sobre la utilidad de enfatizar las "condiciones materiales de existencia", ¿es realmente necesario? ¿No son igualmente válidos otros enfoques? Marvin Harris responde genialmente en Cultural Materialism (1979):
Como todas las bioformas, los seres humanos deben consumir energía para obtener energía (y otros productos para mantener la vida). Y como todas las bioformas, nuestra capacidad de producir niños es mayor que nuestra capacidad de obtener energía para ellos. La prioridad estratégica de la infraestructura se apoya en el hecho de que los seres humanos no pueden cambiar estas leyes. Sólo podemos buscar el equilibrio entre la reproducción y la producción y consumo de energía. (...). En otras palabras, la infraestructura es la principal superficie de contacto entre naturaleza y cultura, el límite a través del cual las restricciones ecológicas, químicas y físicas a las que está sujeta la acción humana se interrelacionan con las principales prácticas socioculturales destinadas a superar o modificar dichas restricciones.
A continuación, añade:
Otorgar prioridad estratégica a la superestructura mental, como defienden los idealistas, es una mala apuesta. A la naturaleza le es indiferente que Dios sea un padre amante o un caníbal sanguinario. Pero a la naturaleza no le da lo mismo que el período de barbecho de un campo cultivado por el método de roza sea de un año o de diez. Sabemos que existen poderosas restricciones en el nivel estructural; de ahí que no nos equivoquemos al apostar que estas limitaciones pasan a los componentes estructurales y superestructurales.
De acuerdo con esto, propone un esquema tripartito que, aunque inspirado en el materialismo histórico, incorpora más variables y supera muchas de sus inconsistencias.

1) Infraestructura

  • Modo de producción: la tecnología y las prácticas empleadas para expandir o limitar la producción de subsistencia básica, dadas las restricciones y oportunidades proporcionadas por una tecnología específica que se interrelaciona con un hábitat específico. Algunos términos clave son "tecnología de subsistencia", "relaciones tecno-ambientales", "ecosistemas" y "modelos de trabajo".
  • Modo de reproducción: la tecnología y las prácticas empleadas para aumentar, limitar y mantener el tamaño de la población. Sus términos clave son "demografía", "pautas de emparejamiento", "fertilidad,", "natalidad", "mortalidad", "anticoncepción", etc.

2) Estructura

  • Economía doméstica: la organización de la reproducción y la producción, intercambio y consumo básicos en campamentos, casas, apartamentos u otros contextos domésticos. Los términos clave son "estructura familiar", "socialización" doméstica, "roles sexuale y de edad", "disciplina, jerarquías y sanciones domésticas", etc.
  • Economía política: la organización de la reproducción, producción, intercambio y consumo dentro y entre familias, pueblos, jefaturas, estados e imperios. Sus términos clave son "organización política", "asociaciones", "corporaciones", "división del trabajo", "sistema tributario", "socialización política", "jerarquías", "clases", "castas", "control político-militar", "guerra", etc.

3) Superestructura

  • Está compuesta por el arte, la música, la publicidad, los deportes, la ciencia, etc.

Además, cada uno de estos niveles tiene una cara emic o mental: la infraestructura puede implicar tabúes alimentarios; la estructura se refuerza mediante ideologías de parentesco, políticas o religiosas, etc.

Nótese cómo la estrategia de Marvin Harris sortea casi todas las objeciones que pusimos al materialismo histórico, en especial las referidas a la geografía, la demografía, la tecnología militar y el Estado. Sólo apuntaría que existe una relación más dialéctica entre tecnología y organización política de lo que se desprende del análisis de Harris. Es cierto que, por ejemplo, dado un tipo de arado la productividad de las distintas parcelas y el coste de las diferentes manifestaciones políticas, ideológicas, etc. está determinado, pero la Revolución agraria inglesa del siglo XVIII presupone ciertas condiciones institucionales que incentivan la innovación en una determinada dirección. Y así sucede en muchos otros casos.

Personalmente, cuanto más profundizo en la historia y en la antropología más percibo que las similitudes diacrónicas y diatópicas sólo son comprensibles adoptando una perspectiva materialista; aunque los individuos son libres para actuar como deseen, es muy probable que terminen comportándose de forma similar cuando se someten a costes y beneficios similares.

Por suerte, en el ámbito de la historia y la arqueología no estamos tan rezagados esta vez: véase, por ejemplo, Early Hydraulic Civilization in Egypt de Karl W. Butzer.

martes, 15 de marzo de 2011

La distinción entre explicaciones emic y etic


Básicamente, una explicación emic es una descripción de una conducta o creencia en términos del significado que tiene para el autor. Se trata de la clásica "perspectiva del nativo", que contempla su sociedad a través del filtro de la cultura.
En cambio, una explicación etic es una descripción de hechos observables por cualquier observador desprovisto de cualquier intento por descubrir el significado que los agentes involucrados le dan. De ese modo, la explicación se puede verificar y aplicar a otras culturas.

Si bien la distinción no es completamente nueva, sería muy saludable que los historiadores priorizasen la investigación de los aspectos etic (objetivos, verificables y aplicables a diferentes contextos) sobre la descripción y explicación de los aspectos emic (subjetivos y mentales), aunque ambos sean necesarios para componer una "historia total". Así evitaríamos que, cuando las explicaciones emic y etic no coinciden, fuésemos engañados por la "perspectiva de los antiguos".

Por ejemplo, los antropólogos han considerado durante mucho tiempo que los hindúes no ingerían carne de vaca debido a un tabú religioso (perspectiva emic suministrada por los nativos), en lugar de describir los elementos etic relevantes: p. ej., que las vacas proporcionan proteínas en forma de leche, abono para los cultivos y tracción para los arados en forma de crías. Su carácter sagrado inhibe a los campesinos de matarlas en época de escasez y, de ese modo, preserva el modo de vida de la familia tradicional a largo plazo.

En el ámbito de la historia, por ejemplo, muchos helenistas consideran que en la Grecia clásica no existió el individuo, dado que éste se hallaba adscrito en instituciones que consideraba más relevantes, como el grupo de parentesco o la polis. Una perspectiva etic sería capaz no sólo de registrar lo evidente -que el individuo sí existe-, sino también de explicar por qué los individuos se agrupaban en instituciones como el grupo de parentesco y la polis, y por qué se identificaban más a nivel colectivo que individual [1]. En este sentido, la perspectiva etic terminaría -por fin- con esa tendencia ridícula de los historiadores a empatizar o a ponerse en el lugar de las sociedades y los individuos del pasado, como si eso aportara algo a su investigación.

------------

[1]: Nótese cómo la perspectiva etic conduce necesariamente al individualismo metodológico.

viernes, 4 de marzo de 2011

La familia y el grupo de parentesco


El precario tratamiento que di a la familia en Los celtas: una aproximación me ha alentado a profundizar un poquito más en el tema. Después de todo, la familia ha sido la unidad básica de producción, protección, justicia y culto a lo largo de la mayor parte de la historia, y merece un estudio sistemático antes de abordar formas de articulación social más complejas.

El fundamento biológico de la familia son los instintos de reproducción y supervivencia, estrechamente ligados entre sí. Por un lado, la transmisión de los genes de una generación a otra constituye una fuente primordial de motivación entre los organismos vivos. Por otro lado, los individuos buscan conservar y ampliar su propia salud y bienestar [1], ya que deben sobrevivir con una salud razonable hasta la edad de reproducción, y deben mantenerse sanos para ser capaces de alimentar y defender a sus vástasgos hasta que éstos puedan sobrevivir por sí mismos.

Los individuos saben quiénes son sus parientes cercanos y los alimentan, defienden y apoyan. El altruismo, la lealtad y la confianza tienden a ser superiores entre familiares cercanos, disminuyendo con los parientes lejanos hasta desaparecer totalmente (o casi) con los extraños. De ese modo, tiene lugar una suerte de selección familiar donde sobreviven y se expanden las organizaciones más eficaces; es decir, aquellas que han sido capaces de promover lazos de apoyo mutuo más fuertes entre sus miembros, lo que se traduce en unos medios de subsistencia (territorio de explotación) y reproducción (hembras y vástagos) más abundantes y fértiles.

Sobre esta base biológica debemos explicar las estructuras de las familia humana. A lo largo de la evolución, el género Homo no ha dejado de aumentar su coeficiente de encefalización, lo que nos da una capacidad de abstracción y simbolismo mucho mayor que el resto de primates, e incluso podemos codificar y descodificar información en un lenguaje articulado. Por consiguiente, los seres humanos somos capaces de formar grupos extraordinariamente flexibles, adaptando su tamaño y estructura a nuestras propias condiciones ambientales (a través de la cultura). Así, las familias que dependen de la caza de grandes animales migratorios tienden a integrarse en grupos más amplios, pues existen economías de escala en la cooperación interfamiliar a la hora de organizar las partidas de caza, mitigar los riesgos, etc. En cambio, donde los recursos (de caza o recolección, agricultura o ganadería) están más dispersos las familias tienden a explotar el territorio de forma independiente, pues son más eficientes las partidas en pequeños grupos, que conocen bien el territorio y/o tienen incentivos más fuertes en su explotación, al tiempo que minimizan la fricción entre familias. Esto da lugar a organizaciones familiares que, en función de las condiciones materiales, pueden ir desde la familia nuclear de los cazadores-recolectores simples (formada por 5-8 personas: hombre, mujer e hijos) hasta las grandes familias de linaje (formadas por decenas e incluso centenas de personas, descendientes teóricos de un antepasado común: con frecuencia, un conjunto de hermanos y primos con sus respectivas familias).

Conforme crecen la población y la presión sobre los recursos, los cazadores-recolectores tienden a tomar estrategias de amplio espectro, a practicar el almacenaje a gran escala, fijarse al territorio y, en última instancia, domesticar buena parte de las especies animales y vegetales necesarias para su subsistencia. Sin embargo, los lazos de solidaridad familiar, en lo esencial, se mantienen a lo largo de todo el Paleolítico, el Neolítico, la Edad de los Metales e incluso parte de la Antigüedad, sobreviviendo en algunos aspectos hasta la Revolución Industrial. Estos lazos se plasman en tres puntos:

1. Solidaridad económica. En las sociedades cazadoras-recolectoras, consiste en el reparto equitativo de los frutos de la caza y la recolección, lo que permite repartir los riesgos entre todo el grupo (p. ej., los cazadores circunstancialmente exitosos comparten su excedente con los menos afortunados, con la esperanza de obtener el mismo trato en caso contrario). En las sociedades agricultoras y ganaderas, además de mitigar el riesgo de malas cosechas y enfermedades del ganado (mediante, p. ej., favores recíprocos), la solidaridad económica toma la forma de un control corporativo sobre la tierra. Las familias excluyen a los extraños del uso de sus pastos y tierras de labor, que gestionan en común y que, por lo general, no pueden enajenar. Encontramos este tipo de organización entre los romanos arcaicos, los griegos de época homérica, los celtas y ciertas tribus de África y Sudamérica. Los señoríos medievales pertenecen a la misma clase.

2. Solidaridad normativa. Antes de la consolidación del Estado, la familia (ampliada o no) solía contar con normas y tradiciones internas de carácter oral y consuetudinario, lo que dio lugar a una serie de mecanismos como la presión de los iguales o el ostracismo para garantizar la aplicación de la ley. Incluso cuando las normas eran iguales para todas las familias de linaje, éstas eran responsables sobre sus miembros, y solían vengar a sus víctimas, castigar o defender a sus criminales y solicitar el arbitraje de terceros. Así, encontramos las mores maiorum de los romanos; la common law de los anglosajones; el derecho oral de los brithem celtas; o el requisito, en los tribunales de la Atenas clásica, de que fueran parientes de la víctima quienes denunciasen al agresor. También encontramos manifestaciones del mismo principio en muchas tribus contemporáneas de África, América y Oceanía, como los papúes kapauku de Nueva Guinea Occidental.

3. Solidaridad religiosa. Entre los hombres de Neanderthal, en el Paleolítico medio, ya parece advertirse la creencia en una vida de ultratumba, y sin duda era el grupo familiar quien corría a cargo de los ritos funerarios pertinentes (espolvoreado en ocre, etc.) para el tránsito hacia el más allá. Pero no será hasta la sedentarización cuando la solidaridad religiosa, basada en un culto común a los antepasados, tome forma definitiva. Esto se debe, entre otros, a la necesidad de legitimar simbólicamente la apropiación del territorio. Así, en el Neolítico de Siria-Palestina y Anatolia se da culto al cráneo de los antepasados, al tiempo que los difuntos se entierran bajo las viviendas. En Roma encontramos un culto gentilicio (es decir, de la gens) vinculado con los antepasados míticos, que convive con el culto doméstico a los Lares y los Penates, guardianes de la vivienda y de la prosperidad familiar. Por otro lado, entre los íberos se venera a los héroes, quizás en un sentido similar. Puesto que los linajes fundamentan su cohesión interna en los supuestos lazos de consanguinidad de sus miembros, necesitan reforzar periódicamente esta idea mediante el culto a un antepasado, con frecuencia mítico: este es el caso de Iulo, hijo del héroe troyano Eneas, de quien habría descendido toda la gens de los Julios.

Una vez constituida la organización familiar, de acuerdo a unas condiciones materiales concretas, es conveniente señalar cómo los vínculos de parentesco impregnan toda la estructura económica y política, así como las relaciones exteriores de los primeros Estados (cuyos ecos llegan hasta la disolución del Antiguo Régimen).

Por un lado, el control corporativo de la tierra, surgido por razones económicas y defensivas, termina obstaculizando la creación de un auténtico mercado inmobiliario; y cuando existe, adopta formas encubiertas. Así, los documentos nos muestran cómo los terratenientes mesopotámicos y leoneses (en la Antigüedad y la Edad Media, respectivamente) debían ser adoptados por las comunidades de aldea antes de poder hacerse con sus tierras.

Por otro lado, la necesidad de variedad genética impulsa a las familias a entablar amistad con otros grupos para garantizar la reproducción entre sus individuos. Y en estrecha relación con esta práctica, los primeros pasos hacia la integración política toman la forma de alianzas matrimoniales; se supone que la consanguinidad garantiza la lealtad de las dos partes. Como dicen Allen Johnson y Timothy Earle (2000), a propósito de las jefaturas incipientes:
De manera explícita, se concibe a la organización como basada en la familia, una organización parecida a una comunidad expandida en un cuerpo regional dirigente. Los jefes están emparentados los unos con los otros a través de la descendencia y del matrimonio, y la familia y los lazos personales permanecen en el centro de la operación política del cacicazgo.
Más adelante, cuando las alianzas coyunturales dejen paso a la formación de auténticos estados e imperios, éstos dependerán en buena medida de vínculos de parentesco para sostener sus jerarquías administrativas y militares; algo lógico, si pensamos que las órdenes y los ejércitos viajaban a ritmo muy lento. Así, en Egipto, el visir, los sumos sacerdotes y otros cargos suelen estar emparentados con el faraón; lo mismo que en el imperio hitita, donde los familiares del rey ocupan puestos clave de la corte, la administración y el ejército. Tres mil años después, todavía vemos a Felipe II encomendar el mando de la flota de Lepanto a su hermanastro don Juan de Austria; y esta práctica no era infrecuente entre los estados contemporáneos. El parentesco seguirá jugando un papel en las alianzas internacionales mucho después, como demuestra el Pacto de Familia entre los Habsburgo de Madrid y de Viena, durante la Guerra de los Treinta Años; o el Pacto de Familia entre los Borbones de España y Francia, durante el siglo XVIII, que pervivirá hasta la Restauración absolutista del XIX.

Todo esto ilustra a la perfección cómo un determinado rasgo cultural puede desarrollarse a partir de factores estrictamente biológicos, tomando complejidad hasta imbricarse en estucturas más sofisticadas que tienen poco que ver con su contexto original.


------------

[1]: Ludwig von Mises diría que, en términos praxeológicos, los individuos tratan sencillamente de pasar de estadios de menor a mayor satisfacción. Sin embargo, como el contenido de lo que reporta satisfacción a un individuo está sujeto a selección natural (y cultural), podemos priorizar aquí la búsqueda de salud y bienestar sobre cualquier otro factor.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Materialismo histórico y ecología cultural


Marvin Harris, en El desarrollo de la teoría antropológica, cita un párrafo muy pertinente de J. H. Steward que muestra el paralelo evidente entre su ecología cultural y la doctrina de Marx y Engels:
Primero, se debe analizar la interrelacion entre la tecnología de explotación o producción y el entorno físico [...]. En segundo lugar, se deben analizar las pautas de conducta seguidas en la explotación de un área particular por aplicación de una tecnología particular [...]. El tercer trámite consiste en averiguar en qué medida esas pautas que se siguen en la explotación del entorno físico afectan a otros aspectos de la cultura.
Naturalmente, los dos primeros pasos corresponden a la infraestructura económica: el primero a las fuerzas productivas y el segundo a las relaciones de producción. El tercero, por su parte, corresponde a las superestructuras jurídico-política e ideológica. Es curioso que exista tanta correspondencia entre ambas teorías, puesto que la antropología norteamericana de mediados de siglo trataba -supuestamente- de proporcionar un paradigma alternativo a la "ciencia soviética".

viernes, 5 de noviembre de 2010

La redistribución como mecanismo de cohesión social

El estudio de los Estados de forma científica se ha visto entorpecido por la tendencia de los historiadores a centrarse en el tiempo corto, en las acciones de los reyes y los magistrados -fácilmente rastreables a través de las fuentes escritas-, antes que en los procesos subyacentes a tales acciones. Para rastrear estos últimos, como advertía Braudel, el historiador debe ser manejar varias ciencias humanas a la vez.

Los individuos que gobiernan los Estados tienen dos objetivos principales: 1) perpetuarse en el poder; y 2) garantizarse el mayor flujo de ingresos compatible con el primer objetivo.

Interesa resaltar que, como consecuencia de esto, los Estados tienen serios límites a su actuación, tanto en el interior como en el exterior; y que su tendencia a rebasar tales límites es una fuente constante de cambio social.

Sin embargo, a nivel interno, los Estados tratarán, en la medida de lo posible, de perpetuarse mediante la distribución de sus ingresos entre los súbditos, de forma que cada grupo social reciba una cantidad igual a su contribución marginal en el mantenimiento de la paz social [1] . Así, los grupos mejor organizados o con capacidad de movilizar a mayor número de individuos tenderán a a disfrutar de un flujo de ingresos mayor.

Esto explica el enorme esfuerzo de las monarquías absolutas por atraerse a los nobles (a quienes ofrecieron pensiones y cargos honoríficos), cuya función había cesado casi por completo pero cuyo consentimiento era necesario para garantizar la lealtad de sus amplias clientelas [2]. Igualmente, explica la aparición de leyes sobre trabajo infantil y femenino, sobre condiciones de trabajo o salario mínimo, que culminarían en el sindicalismo subvencionado del siglo XX. Sin embargo, en ambos casos, el Estado desnaturaliza a los grupos sociales que trata de comprar: los nobles, alejados de sus señoríos, se convirtieron en meros figurantes de la Corte real; el movimiento obrero, tentado en sus estratos más altos por el funcionariado y la subvención, perdió su radicalidad.

Así, mientras el Estado moderno tendió a privilegiar a nobles, comerciantes y banqueros, el Estado contemporáneo privilegia a la gran industria y a la banca, a los funcionarios, a los medios de comunicación y a los grandes sindicatos (en gran parte creados con sus propias subvenciones); y, en aquellos países donde tienen algún papel, a las iglesias. La democracia representativa puede complicar nuestra conclusión, pero gran parte de la explicación seguirá siendo la misma.

En este sentido, es curioso que la democracia ateniense tendiera a reestructurar los impuestos y subsidios para beneficio de los pequeños propietarios agrícolas y a costa de los terratenientes, que debían pagar las naves de guerra y los coros trágicos. Sin duda, la contribución marginal de los granjeros a la paz social había aumentado tras la "revolución hoplítica".

El evergetismo imperial de época romana también es un buen ejemplo del mismo fenómeno, puesto que la plebe urbana, desprovista de ocupaciones productivas a raíz de la afluencia de esclavos y la consiguiente ruina de la agricultura tradicional, no tenía otra función que aprobar el gobierno del emperador a cambio de juegos, pan, dinero y obras públicas.


--------------

[1]: Por supuesto, la capacidad del Estado para percibir correctamente cuál es la contribución marginal de cada grupo depende de su estructura: así, el intercambio (tácito) de votos en la democracia ateniense permitía una asignación más o menos automática y eficiente, sobre todo en comparación con rivales contemporáneos como Esparta. La prueba de ello es que, mientras funcionaron las instituciones democráticas, Atenas fue un Estado mucho más poderoso y cohesionado que Esparta, cuyos ciudadanos-soldado (homoioi) no podían alejarse demasiado de la patria por miedo a la rebelión de los hilotas.

[2]: El peligro de una aristocracia descontenta se puso de manifiesto tras las terribles frondas nobiliarias del siglo XVII en Francia, que estuvieron a punto de frenar el avance del poder real.

domingo, 31 de octubre de 2010

Los procesos de integración y dispersión política

Durante siglos, los historiadores han explicado la evolución de las sociedades humanas partiendo de supuestos sobre la acción humana y el comportamiento de las organizaciones que rara vez diseccionan. Parten de una intuición compartida con el lector, y que por tanto no cabe explicar. En el peor de los casos, ni siquiera creen que puedan extraerse verdades universales, y atacan cualquier intento en esta dirección como "ahistórico".

Sin embargo, las causas de muchos procesos históricos, como que las sociedades pasen de unos estadios de complejidad a otros; que los Estados aumenten de tamaño o disminuyan; o que su estructura cambie, no son evidentes. Todo eso debe ser explicado. Como estudiante, una de mis frustraciones es que la gran mayoría de historiadores explica estos procesos sin preguntarse cuál es la causa última que, por encima de los acontecimientos superficiales (Braudel diría, por encima del "tiempo corto"), los explica y les da sentido. Casi siempre se dan explicaciones ad hoc, con una estrechez de miras propia del investigador hiperespecializado que ha perdido toda capacidad de "buscar lo general en lo particular", en palabras de Edward H. Carr.

En una sociedad de cazadores-recolectores, donde la familia nuclear es la unidad de acción, la densidad de población es baja y los recursos naturales son abundantes en relación con esta densidad (al menos durante algunas estaciones), ¿cómo se explica que las familias apenas cooperen entre sí? Quizá deba aludirse a que la ocupación dispersa del territorio es el modo más rentable de explotar unos recursos igualmente dispersos, lo que a su vez explicaría los procesos de agrupación estacionales, cuando la caza (en climas fríos) o el agua (en climas cálidos) escasean y se concentran en puntos específicos. Lo que está claro es que la unidad familiar baraja el coste relativo de sus alternativas: cooperar con otras unidades familiares o aumentar su actividad para evitar esta cooperación. Cuando el coste de aumentar su actividad interna supera el coste de cooperar con otras unidades, es probable que acabe integrando unidades sociales mayores (que en ocasiones, aunque no necesariamente, darán lugar a Estados). Si a lo largo de un territorio la rentabilidad de la explotación es muy desigual (en unas zonas la caza es más abundante que en otras, etc.), y por lo tanto el riesgo de que la familia no pueda almacenar suficientes provisiones para pasar el invierno es muy alto, existen incentivos muy poderosos para promover la cooperación interfamiliar, compartir los excedentes y atenuar el riesgo de escasez.

Y, una vez aparece el Estado, su clase dirigente se plantea los mismos problemas que la unidad familiar. Para mantenerse en el poder debe garantizar la supervivencia (y la conformidad) de la sociedad dominada, y por lo tanto debe cuidar dos aspectos: la prosperidad económica y la seguridad militar. En la mayor parte de los casos, el Estado aparece por motivos militares, cuando el coste de la cooperación voluntaria entre unidades familiares o tribales supera el coste de coordinar los recursos (tierra, trabajo y capital) de forma coactiva a través de un organismo central. En esta situación, las unidades familiares y tribales tendrán incentivos en constituir Estados para acabar con el problema de los free-riders y repeler a otras unidades agresivas.

Pero una vez asentado el Estado, se plantea la cuestión del tamaño (y de la estructura, aunque esto es más complejo). ¿Qué extensión de territorio debe estar bajo su dominio? ¿cuántos habitantes deben ser sus súbditos? Desde los imperios romano, omeya o español hasta las ciudades-estado griegas o mesopotámicas hay un abanico inmenso. Naturalmente, los Estados tratarán de aglutinar súbditos y territorios hasta que el coste de gobernarlos iguale el coste de cooperar con otros Estados (que a su vez poseen súbditos y territorios bajo su poder) para conseguir la prosperidad económica y militar. Así, cuando Roma alcanzó la frontera del Rin y el Danubio tendió a pactar con algunos bárbaros para satisfacer las funciones que antes cumplía su propio ejército, pues percibió que la jerarquía se tornaba demasiado torpe por encima de cierto punto (problemas de incentivos, oportunismo e información). De forma similar, Persia prefirió cobrar tributo a las ciudades fenicias antes que anexionarlas políticamente, consciente de que era menos rentable administrar directamente desde Persépolis que dejar hacer a las instituciones políticas de aquellas urbes comerciales. Por otro lado, cuando para las ciudades mesopotámicas fue demasiado costoso cooperar entre sí para coordinar las infraestructuras hidráulicas a lo largo de los ríos Tigris y Éufrates (problemas de oportunismo y free-rider), aparecieron fuertes incentivos para formar imperios territoriales que gestionasen de forma centralizada toda la red de canalizaciones.

Bajo todos estos casos concretos, de "tiempo corto", subyace la misma ley: un Estado tiende a expandirse hasta que el coste de administración interno (es decir, de gobernar sobre sus propios súbditos y territorios) iguala el coste de transacción de pactar con unidades políticas externas (es decir, de cooperar con Estados ajenos, cuyo territorio y cuyos súbditos están fuera del dominio propio).

El aspecto más interesante de todo esto es, precismente, en qué consisten tales costes. Desgraciadamente, algunos de ellos son inmateriales, ideológicos, difíciles de cuantíficar (y en otros casos carecemos de los datos cuantificables); de lo contrario, con una simple operación matemática sería fácil saber hasta dónde se expandirá un determinado Estado en un determinado contexto. Pero eso rebasa los límites de este post.